F1. La Preparación Física de los Pilotos (I)

En esta entrada, y coincidiendo con el comienzo del campeonato de Formula 1 (del que me declaro fanático), hemos creido conveniente hablaros acerca de la preparación física a la que se someten los pilotos de la máxima categorí­a del automovilismo. Un entrenamiento, particular en algunos casos por las necesidades especificas de los pilotos y común en cuanto a necesidades cardiovasculares en otros casos. Por esto os ofrecemos con este el primero de una serie de artículos dedicados al entrenamiento físico y mental al que se someten los pilotos de F1.

Introducción

Según el doctor Norberto Donadei, especialista en automovilismo desde la época de Senna, las primeras experiencias para un piloto que sube a un F1 son traumáticas; luego de un par de vueltas empiezan a sentir las deficiencias físicas. En esto intervienen diversos factores, como un difícil manejo del vehículo, ya que los brazos están pegados al cuerpo por la estrechez del habitáculo. El reducido diámetro del volante hace más fatigoso aún el esfuerzo de tomar una curva”

“La fuerza centrífuga, que empuja el cuerpo del piloto hacia el exterior en una curva, y que a velocidades de 300 km/h alcanza el valor de 5 G, influye sobre todo en la cabeza. Si uno considera el peso de ésta con el casco, que es aproximadamente de 6 kg, el piloto debe soportar, en una curva de 5 G, una fuerza de 30 kg, y debe hacerlo con los músculos del cuello y de la espalda”.

En los lugares de más calor y humedad (Malasia), un piloto de F1 puede perder de 2 a 4 litros de agua sólo a través del sudor. Hoy día prácticamente todos los coches tienen un sistema para que el piloto vaya bebiendo todo el líquido que necesite; prevenir la tan temida deshidratación es fundamental, pues puede provocar calambres, golpes de calor o la excesiva fatiga. Un piloto no puede permitirse el más mínimo despiste, pues no solo puede que empiece a perder décimas por vuelta, sino tener un accidente.

Muy pocos atletas de elite, sin importar en qué deporte compitan, tienen que soportar tan duras condiciones: el ‘cockpit’, sin apenas entradas de aire, puede alcanzar temperaturas de 60ºC, y la ropa ignífuga impide la eliminación de la transpiración y la disipación del calor. Según la temperatura y humedad ambientes, en condiciones como estas comienzan a aparecer los primeros síntomas de deshidratación. El metabolismo muscular y la imposibilidad de eliminar la transpiración por culpa del traje ignífugo aumentan la temperatura corporal a 38/38,5º; se pueden alcanzar hasta 40º casi al final. A nivel cardíaco, la deshidratación es otro de los factores que puede aumentar las pulsaciones bruscamente.

Si la deshidratación y el agotamiento persisten, a medida que avanza la carrera se agregan los problemas de visión. Los músculos del ojo también se fatigan y la visión se nubla, influida por las vibraciones transmitidas por los neumáticos y los saltos de pista. En ese momento el cerebro del piloto está saturado de ruido y fatiga y a veces llega a perder la visión de los colores. Y añadiendo que el chasis de fibra de carbono es un excelente conductor y las resonancias afectan a prácticamente todo el cuerpo. Teniendo todo esto en cuenta, que muchos logren terminar una carrera pese a haber tenido problemas con el suministro de agua solo deja clara la magnifica capacidad física que poseen.

Hans Las personas que han conducido un F1 sin estar físicamente preparados para ello, coinciden en lo duro que es a nivel tanto físico como mental: a medida que aumenta la velocidad, aumenta la sensación de que la fuerza de la aceleración iba a “arrancarles la cabeza de los hombros”. Las fuerzas verticales pueden causar que se muevan los órganos internos o incluso sacudir el cerebro. En curvas de alta velocidad, como la Curva 8 de Turquía, un piloto puede sentir cómo la fuerza G “tira” del corazón dentro del pecho. Según el doctor Donadei, “si bien son dañinas las aceleraciones laterales (4-5 G al tomar una curva) aún lo son más las aceleraciones antero posteriores (acelerar-frenar, 2-4 G) porque se desplaza aún más un órgano sobre otro y, al frenar violentamente, el casco, el cerebro y el cráneo se desplazan entre sí trayendo como consecuencia cefaleas y también disminución instantánea de la visión.”

Si el cerebro pesa 3 kg, un accidente donde se vean envueltas fuerzas laterales que lleguen hasta 50 G, puede hacer que llegue a “pesar” 150 kg. Afortunadamente la invención del HANS ha minimizado mucho el problema, bajando el peso excesivo creado por la fuerza G hasta más de la mitad.

Independientemente del deporte que práctiqueis espero que estos artículos os den un enfoque a titulo comparativo que os permita valorar los esfuerzos y entrenamientos que tienen que realizar estos profesionales del automovilismo.

Autor: M.Quintanilla

Via: F1 Al Dia

 

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