F1. La Preparación Física de los Pilotos (III). Los Reflejos.

Los pilotos de F1 suelen decir que las sensaciones que experimentan al conducir a 300 km./h son indescriptibles. Sin embargo, detrás del glamour de la fama y el dinero, hay una vida de plena preparación física y mental para intentar ser el mejor. Campeón se nace, es cierto; pero también se pueden mejorar mucho las dotes naturales de un atleta preparándose adecuadamente para poder afrontar, de la mejor manera posible, el desafío de correr en F1.

La importancia de estar entrenado para pilotar un F1.

Las primeras experiencias para un piloto que sube a un F1 son traumáticas; luego de un par de vueltas empiezan a sentir las deficiencias físicas. En esto intervienen diversos factores como la posición de manejo sacrificada, porque los brazos están pegados al cuerpo por la estrechez del habitáculo.

El reducido diámetro del volante hace más fatigoso aún el esfuerzo para tomar una curva. El cuello y la columna están expuestos a notables exigencias.

El asiento es de fibra de carbono y cada movimiento – salto- del F1 casi sin suspensión (los únicos elementos elásticos son las cubiertas y la columna cervical), viene transmitido directamente a la columna del piloto, sobre todo a las zonas cervical y sacro- lumbar, provocando pequeños pero continuos traumatismos.

Por esto los pilotos suelen quejarse del asfalto. Las características aerodinámicas del monoplaza hacen que el piloto asuma en el habitáculo una posición de semiacostado ya que apoya directamente con la región sacro-coccígea, o sea, con la parte terminal de la columna y no con los glúteos, que podrían actuar como amortiguadores naturales.

La fuerza centrífuga, que empuja el cuerpo del piloto hacia el exterior en una curva, y que a velocidades de 300 km./h alcanza el valor de 5 G*, influye sobre todo en la cabeza. Si uno considera el peso de ésta con el casco, que es aproximadamente de 6 kg , el piloto debe soportar, en una curva de 5G, una fuerza de 30 kg., y debe hacerlo con los músculos del cuello y de la espalda. Además, la fuerza G se siente al frenar y sobre todo al acelerar.

Entrenamiento de los reflejos.

entrenando reflejos con batak en formula 1¿Cómo se entrenan los reflejos? Claro, uno podría pensar que conduciendo, horas y horas de entrenos encima del coche o del simulador nos proporcionarán la mejora imprescindible. Pero no siempre se puede rodar en el coche, ni siquiera para pruebas técnicas (este año es el caso) y probablemente si nos tiramos siete horas en el simulador, quizás sea más contraproducente que beneficioso.

¿Y que hacemos? la capacidad de reacción a cualquier imprevisto, la facultad de anticiparse en cualquier maniobra se vuelve importantísima cuando se conduce un F1 a 340 km/h siempre en el límite de la adherencia…

Pues aquí está la solución: el Batak, la máquina que entrena los reflejos. Dicho así parece que sea un extraño artefacto traído de algún país de Europa del este, pero no. Es un ingenioso aparato que consiste en un cuadrado de dos por dos metros y en el que su funcionamiento es simple: enciende un punto de luz, de uno en uno y de forma aleatoria, para que el piloto lo apague con la mano en el menor tiempo posible.

El Batak, una máquina para entrenar los reflejos

Una persona sin entrenamiento puede dar entre sesenta y setenta toques. Alguien con práctica, llega a 75 o 80. Un piloto de F-1, habituado a este entrenamiento, alcanza sin problema los 105-110 impactos. Y en Renault, el récord lo tiene Fernando Alonso con 138 toques…

Funcionamiento del Batak

El Batak incide en la velocidad gestual de los pilotos. Activa el componente muscular y la coordinación visual frente a un estímulo: una curva, otro bólido, un frenazo, un adelantamiento. Supone encadenar movimientos a la máxima rapidez. Es de cajón: realizar un gesto técnico en el menor tiempo posible es síntoma de una gran eficacia deportiva. En la Fórmula 1, un factor determinante es la anticipación. El piloto no actúa por reflejos, sino por anticipación. Es decir, percibir una variable y adelantarse a la misma para resolverla.

Autor: M. Quintanilla

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