La capacidad perceptiva 

Todo movimiento implica el uso del propio cuerpo en un entorno físico y social, por lo que supone una interacción entre la persona y el entorno. Para producir un movimiento intervienen: el propio cuerpo, el espacio, los objetos y las personas que nos rodean, todo, en un tiempo determinado.

Las capacidades perceptivo-motrices están especialmente dirigidas a la adquisición de la detección y control del propio cuerpo que resulta determinante tanto para el desarrollo de la imagen corporal como para la adquisición de posteriores aprendizajes motores.

Este bloque tiene como propósito educar la capacidad perceptiva a través de la percepción corporal y el entorno, por lo tanto, centra sus contenidos en apartados que están relacionados y evolucionan conjuntamente, como lo son: la construcción del esquema corporal, la percepción y el esquema del espacio.

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1. El Esquema Corporal: es el conocimiento inmediato y continuo que tenemos de nuestro cuerpo, tanto en estado estático como en movimiento, en relación con sus diferentes partes y, sobre todo, en relación con el espacio y los objetos que nos rodean. Se puede establecer que el periodo de elaboración definitiva se produce de los 7 a los 12 años.

Se consideran como elementos en la construcción del Esquema Corporal los siguientes:

el conocimiento y control del propio cuerpo
el equilibrio
la actitud
la respiración y la relajación
la lateralidad
la coordinación

 

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a) Conocimiento y control del propio cuerpo. El cuerpo es el primer medio de relación con el mundo que nos rodea, siendo la parte más visible del ser humano, capaz de percibir y ser percibido, así como de expresarse. Es preciso conocerlo y utilizarlo en todas sus dimensiones.

El conocimiento y control del propio cuerpo se realiza en dos niveles. En el primer nivel, el hombre aprende a conocer las diferentes partes de su cuerpo, a diferenciarlas y a sentir su rol. En el segundo nivel, llega a la independencia de sus movimientos y a la disponibilidad de su cuerpo con vistas a la acción.

Es preciso aprovechar el juego para el aprendizaje del nombre y funcionalidad de las distintas partes de su cuerpo y el conocimiento de sus posibilidades corporales.

b) El equilibrio. Es el “conjunto de reacciones de la persona a la gravedad, es decir, su adaptación a las necesidades de la bipedestación y a los desplazamientos en posición erecta”.

El equilibrio se puede clasificar en: estático (mantener una postura), dinámico (mantener una posición en desplazamiento) y re-equilibración (mantener una posición equilibrada estática después de una dinámica, como cuando se realiza un salto).

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c) La actitud postural. Constituye un aspecto básico de la motricidad y está íntimamente relacionada con la tonicidad. Una adecuada actitud postural será aquella que pueda ser mantenida sin fatiga y sin producir desequilibrios.

La actitud postural va a depender fundamentalmente de un adecuado desarrollo del tono muscular, de la capacidad de movilidad segmentaria y del conocimiento y toma de conciencia de la respiración y la relajación.

La regulación tónica es el telón de fondo de las actividades motrices y posturales que preparan, orientan y sostienen todo el movimiento. Está relacionado con la respuesta neuromuscular del individuo, con la respiración, relajación, equilibrio y factores emocionales.

d) La respiración y la relajación. Forman parte de las capacidades perceptivas del ser humano y por ello están muy relacionadas con el sistema nervioso central. Dependiendo de cómo se perciba la información intra- y extracorporal, se actuará con mayor o menor relajación y con un ritmo respiratorio diferenciado.

Es muy importante educar la respiración consciente con el propósito de llevar una vida más relajada y equilibrada. El trabajo de educación de la respiración debe ayudar a la toma de conciencia de las diferentes fases y tipos.

Pese a ser un mecanismo de tipo reflejo, se puede acceder a un cierto control consciente y voluntario del funcionamiento de la respiración.

La relajación está íntimamente ligada, desde un punto de vista físico, al tono muscular. Un buen tono muscular favorece que todos los movimientos se efectúen con un mínimo de energía y un máximo de eficacia. Educar la relajación permite incidir sobre los estados de tensión muscular e influir en el comportamiento tónico-emocional del hombre.

e) La lateralidad. Es definida como “el dominio funcional de un lado del cuerpo sobre otro y se manifiesta en la preferencia de servirnos selectivamente de un miembro determinado (mano, pie, ojo, oído) para realizar actividades concretas”. Por tanto, la dominancia se va a presentar no sólo en la mano o el pie, como es habitual pensar, sino que se va a manifestar también de modo ocular, expresivo (gestos) y auditivo.

La lateralidad de una persona está determinada por la dominancia hemisférica de su cerebro, ya que se encuentra dividido en dos hemisferios prácticamente simétricos en forma, pero asimétricos en funcionalidad. Cada hemisferio cerebral recibe información, fundamentalmente, de la mitad opuesta del cuerpo. Esta regla colateral se aplica a la visión, al oído, al movimiento del cuerpo y al tacto, aunque la situación en cuanto a la vista y al oído es más compleja. Por tanto, es el hemisferio contrario al lado dominante el que controla la habilidad.

En el proceso educativo es muy importante desarrollar una adecuada conciencia de la lateralidad, ya que ello va a permitir:

Reconocer los dos lados corporales (izquierda y derecha), así como su dominancia en las diferentes acciones que realice.

Tener una adecuada orientación y percepción espacial, haciendo posible situarse en el espacio.

f) La coordinación. se definen como “la capacidad de regular de forma precisa la intervención del propio cuerpo en la ejecución de la acción justa y necesaria según la idea motriz prefijada”.
La coordinación es uno de los factores responsables de proporcionar calidad al movimiento mediante:

– precisión (en la velocidad y en la dirección)
– eficacia (en los resultados intermedios y finales)
– economía (en la utilización de la energía nerviosa y muscular requeridas) y
– armonía (complementariedad de los estados de contracción y descontracción utilizados).

La estructura del sistema nervioso y la funcionalidad del aparato locomotor, junto con la integración de elementos perceptivo-motrices (la corporeidad, la espacialidad y la temporalidad), son los factores esenciales para el desarrollo de la capacidad coordinativa.

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En el ámbito de la espacialidad, conviene diferenciar los siguientes parámetros:

a. Orientación espacial. A través de ella, la persona es capaz de saber qué lugar ocupa en unas determinadas coordenadas espaciales así como la relación que mantiene con los objetos que se encuentran en dicho espacio.

b. Estructuración espacial. Compuesta por las diversas categorías de relaciones espaciales establecidas:

Ø Topológicas: Relaciones entre los objetos (vecindad, separación, orden, sucesión, etc.).

Ø Proyectivas: Situación, en función de una perspectiva dada, de los objetos o elementos de un mismo objeto con relación a los demás.

Ø Euclidianas o métricas: Coordinación de los elementos entre sí en relación con un sistema o unas coordenadas de referencia. Ello implica poner en juego medidas de longitud, de volumen y de superficie.

c. Organización espacial. Resultante de la interacción de la orientación y estructuración espacial.

La percepción se desarrolla de forma progresiva partiendo del propio sujeto hasta configurar el espacio que le rodea. Así, se pueden diferenciar tres tipos de espacio: propio, próximo y lejano. La evolución en este proceso sería: localizarse a sí mismo, localizarse a sí mismo dentro de un espacio y localizar objetos en el espacio.

El desarrollo de la percepción y estructuración espacial se lleva a cabo a través de nociones topológicas básicas tales como direccionalidad, orientación proyectada, apreciación de distancias, apreciación de alturas, etc.

La percepción y estructuración temporal. En la percepción del tiempo los principales canales de información son el auditivo y el sentido cinestésico.

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El tiempo en sí mismo no es perceptible, por lo que se hace necesario, para facilitar su reconocimiento en la educación motriz, darle una forma material y una interpretación “visible” a los diferentes elementos que entran en el concepto de tiempo, tales como velocidad, sucesión y duración.

Los componentes más importantes de la organización temporal son el orden y la duración. A través del orden podemos situar los acontecimientos, unos en relación a otros, y comprende las nociones de simultaneidad o sucesión de tareas, antes, durante y después, mientras que, por medio de la duración se puede establecer un intervalo temporal, que puede presentarse de dos formas: el comprendido entre dos estímulos sucesivos o como la longitud de una estimulación (tiempo que transcurre entre dos pitidos o la duración del mismo).

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El tratamiento del espacio permite visionar su “ocupación” y la orientación en función de la lateralidad. El tratamiento de lo temporal no permite “visualizar” los componentes citados, pero sí puede hacer visible la ocupación temporal a través de su capacidad rítmica.

“El ritmo es independiente a los movimientos que se realizan, tanto voluntarios como involuntarios, toda acción tiene su propio ritmo, si se realiza de acuerdo con él se conseguirá una mejor coordinación y un aprendizaje más eficaz”

Profesor: Adrian Schiavello
@adrischiavello

BIBLIOGRAFIA

Castañer y Camerino, O. (1991). La educación física en la enseñanza primaria. Barcelona. INDE.
Le Boulch, J. (1979). La educación por el movimiento en la edad escolar. Barcelona, Paidós.
Vayer, P. (1972). El diálogo corporal. Barcelona, Científico Médico.
Piaget, J. (1976). Génesis de las estructuras lógicas elementales: clasificaciones y seriaciones. Buenos Aires, Guadalupe.

Autor: Adrian Schiavello

Formado en Educación Fisica. CEO Active Functional Club. Director Active Functional Training. Coach en Entrenamiento Funcional. Preparador Fisico Deportivo. Clubes Funcionales. Administración de Empresas. Gestión de Gimnasios. Organización y liderazgo de equipos.

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